startup

Odiaba cuando alguien llamaba a mi startup estúpida… pero ahora les hago lo mismo a los demás.

No una, ni dos, sino un incontable número de veces me han dicho que las startups que estaba construyendo eran ridículamente estúpidas. Cada vez que alguien decía las palabras “tu startup” y “estúpido” en la misma frase, quería darle un puñetazo en la cara.

La conversación solía ser así:

– “Hey, estamos construyendo algo. Me gustaría saber que piensas de él…”

– “Claro, adelante. ¿Qué haces?”

– “<Inserta algunas oraciones sobre cómo hacer del mundo un lugar mejor y sobre poner una abolladura en el universo>.”

– “Eso es simplemente estúpido.”

*Corazón roto*

Al principio, tomaba mi cara caída y me iba. Después de que la historia se repitiera unas cuantas veces más, empecé a hacerles más preguntas, sobre todo por frustración.

– “¿Por qué crees eso?” les preguntaba.

Y obtenía alguna de las siguientes respuestas.

– “Porque no hay mercado para esto.”

– “Porque si estoy usando la mejor alternativa actual, no la cambiaré solo por esta característica adicional.”

– “Porque <insertar el nombre de una empresa grande aquí> podría copiar esta característica en su producto ya exitoso.”

– “Porque está demasiado adelantado a su tiempo.”

Por cada una de esas razones, tenía respuestas.

¿No hay mercado? Crearemos uno.

¿No emigrarás? Ofreceremos descuentos.

¿Alguien más podría construirlo? Somos David, y destruiremos a Goliat.

¿Demasiado adelantado a su tiempo? El mundo nos alcanzará.

Como todos los fundadores que invirtieron mucho sudor, dinero y tiempo en construir algo, me mantuve inflexible como una leona protegiendo a sus cachorros. Una vez les pregunté: “¿No te das cuenta de cuántos esfuerzos he puesto en construir esto?”

La persona me respondió: “Me doy cuenta. Pero no me importa una mierda eso. Eres estúpido al desperdiciar tus esfuerzos para construir este montón de mierda.” (Éstas son las palabras exactas que me dijo.)

Pero todavía no había olvidado de esto –

Para ellos, yo era estúpido, y para mí, lo eran ellos. Eso es lo gracioso que me di cuenta de la estupidez. Los veía como cobardes que jugaban según las reglas de este mundo, y ni siquiera pensaban más allá de ellas.

Estas eran las personas que pensaba que ya estaban arrodilladas al mundo. Y yo era el perdedor del que todo el mundo escribía.

Ya era un ganador en mi cabeza. Después de todo, mi historia comenzó exactamente cómo la historia de un héroe lo hace en los libros y las películas. Por lo tanto, mi historia debería terminar también cómo la historia de un héroe lo hace; ganando.

Fue sólo hasta que me hicieron una pregunta.

“OK, no es que no pueda estar equivocado. Podría estarlo. ¿Cuánto dinero hiciste con esta cosa?

Mierda. Esa fue la pregunta de la que siempre huí. Casi podía sentir mi corazón dejando de latir. Con los labios temblorosos, le dije: “Bueno… ya sabes… estamos pre-ganando ahora mismo… Pero vamos a levantar esta próxima ronda… y entonces mataremos.”

Sabía que mi respuesta era incorrecta, pero sólo después de expresarla, me di cuenta de eso. El otro tipo simplemente me sonrió y me dejó con una cabeza llena de preguntas.

Avanzando rápido hasta hoy. No pudimos crear el nuevo mercado, las personas que emigraron a causa de los descuentos se volvieron tan pronto como descontinuamos los descuentos, Goliat aplastó a David, y nos quedamos sin dinero antes de que el mundo pudiera ponerse al día con nosotros.

Nos merecimos ser llamados estúpidos cada vez que nos lo dijeron. Pero el tiempo que dedicamos a trabajar en esas cosas poco valiosas no fue completamente en vano; aprendimos algunas lecciones de ellas.

1. No construyas algo sólo porque puedas construirlo.

Me sentía orgulloso de decirle al mundo que codificaba desde que tenía 11 años. Ya no siento lo mismo. Me he dado cuenta de que solamente codificaba desde que tenía 11. Había tantas cosas que tenía que aprender para construir una empresa exitosa.

La codificación no lo era todo.

Solía encontrar cosas que podía mejorar en los productos que me gustaba usar y entonces, construía el producto completo + las mejoras. ¿Por qué? Porque podía hacerlo. Creé cosas porque podía. Esa solía ser mi razón para construir las cosas que construí. Sin embargo, ya no lo hago más.

Fue una de las mejores lecciones que aprendí de la manera difícil. Se va a quedar conmigo para siempre.

2. No pre-ganes (ni tengas pre-usuarios) por más de seis meses.

Pre-ingresos significa que prefieres el crecimiento, pero lo usamos como revestimiento de azúcar por la falta de usuarios. Olvídate del crecimiento exponencial; la nuestra era sólo una línea en zigzag que oscilaba entre números de dos dígitos.

Varios meses después, nuestra línea en zigzag se mantenía igualmente zigzagueando. Si estás con pre-ingresos y pre-crecimiento por más de seis meses, y no tienes ni idea de qué hacer a continuación, lo mejor sería cerrarlo y ahorrar tiempo.

Si tienes más experimentos en la cola, no te detengas.

3. Construye algo radicalmente diferente.

La humanidad está hecha con productos incrementales. ¿Te encanta un producto pero encuentras una característica que le falta? No re-construyas el producto por completo con la característica que le falta. Los esfuerzos para copiar el producto no valdrán la pena.

En lugar de eso, construye esa característica en particular y envíela como un producto.

La prime versión de tu producto no debe construirse como si fuera la última versión de tu producto.

Es la pieza de sabiduría más repetida en el mundo de las startups, pero sigue siendo subestimada por la mayoría de nosotros; especialmente por los fundadores primerizos.

Siempre sigue preguntando, “¿La incorporación de esta característica hará que las personas migren del producto actual al mío?”

4. No construyas para todos.

En la versión uno de nuestro producto, había más de ocho características principales. Si preguntaras cuántas características tenía la versión que empezó a ganar dinero, mi respuesta sería una.

Mi creencia sobre las características era “entre más, mejor.” Pronto aprendí que entre más características, más se hizo difícil definir nuestro producto. Con una característica, la frase de ventas sería, “hace esto.” Con múltiples características, la frase de ventas era, “hace esto, esto, esto y esto. Además, si quieres, puedes hacer esto, esto y esto.”

Cada característica diluye la historia. Construye lo suficiente para tener una historia, pero no más.

Estas son las lecciones que hacer las cosas equivocadas me enseñaron. (¿Se seguirán llamando las “cosas equivocadas” si aprendí algo de ellos?) Todavía recuerdo querer golpearle a la gente en su cara por llamar a mis productos estúpidos. Ciertamente me sentí lastimado porque construí esos productos con mis propias manos. Pero no debería esperar un aplauso por hacer algo que ellos no querían.

Puedo argumentar que podrían haber sido un poco más educados al criticar, pero no lo haré. Entendí que las personas que encontraron su camino están siempre ocupadas corriendo en él. No siempre tendrán tiempo para enseñarte las lecciones de la manera que quieres aprender. El mundo no es un salón de clase. Además, incluso si hubieran intentado convencerme de por qué estaba equivocado, estarían perdiendo su tiempo. Igual estaría luchando por demostrar que estaban equivocados.

Cuando yo encontré mi camino, traté de explicarles a otras personas por qué estaban poniendo sus esfuerzos en el lugar equivocado. Me dijeron lo mismo que yo dije durante mi tiempo, “No lo entenderás. Estás pensando demasiado en pequeño.

Siempre me quedo sonriendo ante la paradoja que es la vida.

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